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6.04.2004

Formas para elucubrar

Ayer pasé la noche en el balcón haciendo formas con las manos. Formas simples, hechas sólo como insinuación o sugerencia.

(Detallar pudiera corroer las articulaciones.)

Estuve confrontando los nudillos. También, las yemas de una mano con las de la otra. Buscaba sobre todo significación.

Me dio, además, por empalmar; así como por extender los dedos, por curvarlos, por entrecruzarlos.

En fin, perder el tiempo es mi especialidad.

Luego de cargar la pipa no sé cuántas veces, concreté la forma de un paraguas, tan sólo empleando cuatro dedos, los medios y los índices; y después la de una flecha, justamente con los mismos dedos.

Supuse entonces que algo tan flexible como el pensamiento tiene facultades de adoptar lo mismo una forma que la otra.

Pero que es mejor que adopte la de la flecha.

De guardar el pensamiento forma de paraguas, cesará su desarrollo, siéndole imposible retener conocimientos. Todo dato se deslizará sobre él como la lluvia corre sobre los paraguas.

Contrariamente, si su forma llega a ser de flecha, afianzará significados, esto es, dará en el blanco.

No del todo satisfecho con la concepción de estas dos formas-modelo, intenté descubrir otras.

Algunas horas después de atestiguar el esperado fracaso, sentí mi pensamiento huir de mí, disparado como una flecha.

Por ningún lado me es posible ver señal de mis ideas. Ignoro si la iniciativa de expresarme es mía.

No sé quién escribe esto. Seguramente, alguien cuyo pensamiento tiene forma de paraguas.


2.23.2004

FUGA INQUEBRANTABLE

Hay incidentes que imprimen una marca singular y permanente en el fondo de la existencia. Sucesos extraordinarios a partir de los cuales el modo personal de ser sufre serias alteraciones, transformaciones irrevocables. Algunos de ellos son turbulentos y presentan, además, escenas de muerte. Otros resultan pacíficos aunque insólitos, ocasionando desconcierto hasta el extremo.

Revueltas sanguinolentas. Una revuelta cargada de sangre, de bajas, o vidas perdidas, de orgullo y ambición, marca la presencia más claramente que una cicatriz, aunque a la vista no haya señal específica de ello. Más aún un conjunto de acontecimientos sobresalientes por su grado de violencia.

El personaje protagónico de “El agua envenenada”, en su etapa infantil, afronta ciertas atmósferas que le dan cauce a su existir. Básicamente: enfrenta con furia a cinco bandidos armados, recibiendo un hemorrágico golpe en el rostro; sobrevive a una revuelta revolucionaria, refugiándose en una oficina, y escuchando a la vez a su padre rezar en voz baja (circunstancia ante la cual decide entregar su vida a Dios); observa soldados muertos, colgados de postes de telégrafo. El protagonista de esta novela escrita por F. Benítez, no sólo se ordena de sacerdote, también contribuye a que una comunidad conspire contra un cacique.

En el contexto de la novela, más que de un cambio, es posible a hablar de un destino. Varias veces el cura se ve expuesto al peligro, experimentando casi siempre sentimientos opuestos: temor y consuelo, ira e iluminación. Sin embargo, sabe de un momento en que su vida gira esencialmente, un momento inicial, el del rezo paterno.

Hay hechos que llevan a la gente a tomar grandes decisiones o a experimentar cambios psíquicos definitivos. Hablando del personaje de “El agua envenenada”, concibe su vocación impulsado por la violencia política, tanto como por la devoción de su progenitor, y, aunado a esto, desempeña el rol de un párroco temerario.

Hablando de la sociedad en general y debido a algún severo móvil, existen casos donde la emotividad procede a un grado tal, que el carácter se altera irreversiblemente. En lo principal, el carácter. La transformación fisiológica mayúscula, forma parte más bien de los terrenos donde la ficción fluctúa. Cambia realmente la personalidad, el habla (no como facultad sino como estilo), la mirada. Cambian los hábitos, la actitud frente al mundo.

Que un giro sea drástico no quiere decir definitivamente que sea inmediato. A veces, la alteración obedece a una serie de fases, a un desarrollo progresivo. Ante todo, lo que sí se da es un alto nivel transformativo.

De cualquier manera, un día uno puede ser alguien y al día siguiente y para siempre otra persona, otro individuo. Movido por algún mórbido percance, por el tipo de acontecimiento que nadie quiere recordar, por aquella escena incomprensible a todas luces. En todos lados hay imágenes extraviadas al interior de una laguna mental. El desgaste no da pie al descubrimiento, a la tan deseada revelación. Al desvelo necesario para ir al ámbito de los orígenes, de la causa. Y la monstruosidad aquí está, aquí sigue. Sin comprender su papel. Desconoce sus raíces. No entiende por qué ha llegado hasta este punto.

2.15.2004

LOS ÓRDENES DEL SACUDIMIENTO

Las empresas más victoriosas, los más relevantes eventos, conllevan mayoritariamente un origen atroz. Las migraciones de una nación a otra (que pueden implicar el riesgo de morir en manos de la Ley), los asentamientos poblacionales (algunos de los cuales han procedido a base de violentos enfrentamientos), el desenvolvimiento de un oficio (surcar la tierra, por ejemplo: antes el arado estaba supeditado a la explotación de la fuerza orgánica y ahora funciona sencillamente con propulsión mecánica). Hay procesos cuyo inicio resulta tan hostil, que en ningún sentido sugieren prosperidad y llevan a pensar, ante todo, que desembocarán en una aparatosa frustración. La desmesura, imprecisión o desborde circunstancial que ofrecen al iniciarse, suprime todo interés por ellos.

¿Qué fue necesario para que la especie humana comenzara a multiplicarse? Una serie de palizas, se dice. Y ¿ahora?, ¿de qué depende la reproducción del Hombre? En parte y desafortunadamente, todavía de la violación sexual. Aunque deriva también de los afrodisiacos, tanto como de la plena compaginación sentimenal y el empalme sexual voluntario. Bien conocida, y caricaturesca, es la anécdota referente a los garrotazos que supuestamente debía propinarle un ejemplar humano masculino a uno femenino para copular con éste, en los tiempos prehistóricos; igualmente, sin llegar a ser amena, la anécdota causa inquietud y hace considerar los innegables grados de agresividad a los que es capaz de llegar una persona.

Las tortugas marinas deben hacer algo de orden vital al nacer: enfrentar devastadoras olas y sobrepasarlas, dado que nacen fuera del mar, a escasos metros, y, por si fuera poco, contando con un tamaño corporal diminuto. Por cierto, ¿cuánto dura la vida de una caguama? Muchos años, demasiados, tantos como los que un ser humano suele vivir o, de hecho, más. Los orígenes supremos son atroces, al grado de la debilitación y el desconsuelo. Y son superiores, supremos, en virtud del poder de arraigo que involucran, de la fructificación que en el fondo prometen. Un paseo, una relación laboral, un matrimonio: pueden tener pésimo comienzo (fatal), pura hostilidad como periodo primario, y sin embargo brindar posteriormente las máximas satisfacciones (satisfacciones insospechadas); pueden además extenderse por largo tiempo y generar una serie de frutos variados y sensaciones para las que no existiría otra clasificación que la de “inmejorables”.

Es posible que un viaje inicie atrozmente mas no por ello tenga una conclusión deplorable. Hay viajes que, en un primer momento, dan la idea de que el recorrido se reducirá a unos cuantos pasos o kilómetros, fallidos; y cuando concluyen, definitivamente dejan con deseos de seguir viajando (dejan con la mente dando vueltas, girando, recorriendo su propia constitución). La misma atrocidad por lo regular constituye algo tan denso, tan impresionante, que marca, envuelve y compromete a quienes la asimilan a plenitud; y el proceso continúa. Podrá ser opresiva la primera fase, por desmedida; pero favorable debido a los beneficios que a partir de la misma se den.

Por otro lado y curiosamente, es factible hablar de travesías que comienzan en el contexto de una idílica normalidad y terminan hechas un desastre; travesías como la del D. F. a Acapulco que narra Roberto Bolaño en “Últimos atardeceres en la Tierra”, en el marco de la cual “B y el padre de B” pasan de un estado normal de convivencia a a una situación frenética y discorde; de manera paulatina, volviéndose cada vez más sugestivo el viaje, inexplicablemente. Esta travesía puede compararse con el clásico recorrido que hace el fuego por las mechas de los explosivos, y ser considerada como una travesía nobelizada, o, mejor dicho, dinamitada.

Ya sea en momentos inaugurales, durante algún lapso central, o en el postrero, múltiples situaciones ordinarias resultan brutales. Ningún ser escapa a la vida de perro que ofrece el planeta. Ningún hombre, ningún animal. Siempre hay ocasión para conocer la brutalidad con que, en gran medida, el orbe circula. Hasta los leones están expuestos al trato desenfrenado de la naturaleza, al enfrentarse entre sí mismos o al hacer frente a una manada de hienas hambrientas. Muchos de ellos, inclusive, llegan a padecer sufrimientos devastadores ocasionados por infecciones mortales o por inclementes domadores. Estar aquí, ocupar un lugar en la Tierra, ocupar cualquier plaza galáctica, exige someterse de vez en cuando a los órdenes del sacudimiento.

COMENTARIO ADICIONAL: El aterrizaje de un avión, como proceso, puede ser abrupto, aunque brindando resultados (más que favorables) espectaculares, plausibles, heroicos. Dicho esto sin una intención de reducir el significado de viaje a la función de los recorridos aéreos. Lo atroz no es gratuito.

1.08.2004

TIJUANA DESVESTIDA

El Gobierno local transmite un anuncio vía Canal 12, donde el alcalde cataloga el exceso de basura existente en la ciudad como un problema de máximas proporciones, una preocupante situación, que absorbe todos sus esfuerzos operativos tanto como los de su equipo de colaboradores.

Uno de los máximos problemas de Tijuana es ocasionado por la acumulación a la intemperie de desechos varios. Inquieta sobremanera a Jesús González Reyes. Es más grave, al parecer, que la inseguridad pública, el desempleo, la ineficacia educativa… En tales circunstancias, los ciudadanos deberán seguramente concentrarse en el mantenimiento de la urbe antes que en el de la sociedad; en el de las calles primero que en el de las relaciones comunitarias.

Preservar el concreto por encima del cerebro, la masa urbanística por encima de la sustancia cerebral, parece ser urgente (¿o una consigna?).

T. J. (pronúnciese en español, por favor) hace recordar esa entidad descrita por Burroughs en “El almuerzo desnudo” (1959), llamada “la Isla”, donde “un Senado y un Congreso […] celebran sesiones interminables para discutir la eliminación de la basura y la inspección de los retretes, los únicos asuntos sobre los que tienen jurisdicción”; y dentro de la cual, fungir como Presidente significa padecer la mayor desgracia imaginable. Entre otras cosas, en “la Isla” el Presidente “está obligado por costumbre a arrastrarse entre la basura” para entregar un “Permiso de residencia y renovación de Alquiler” a un “Gobernador Residente, que lo espera de pie”.

Resulta indispensable, claro está, aplicar medidas de limpieza en las ciudades. Es de primera necesidad. Sin embargo hoy día debiera ser algo que no estuviese fuera de control, algo que no quitara tiempo para atender cuestiones más allá de la basura, cuestiones humanas vitales.

El municipio de Tijuana, considerado (por “Newsweek”) una de las mecas culturales y artísticas del mundo, es en realidad como un personaje característico de William S. Burroughs, como un “Chaquetero”, por ejemplo: aparatoso y exótico (quizás estético), claramente; pero, en el fondo, putrefacto.


1.01.2004

FENÓMENO CAVILAR

Nulo remedio y mucho que hacer, muchísimas cosas que hacer; es de vital importancia atenderlas, no descuidarlas. ¿Tiempo? Queda muy poco. Minutos. Pensar ahora en aquello que se va irrecuperablemente, carece de sentido; a esta naciente distancia temporal de lo sucedido. Urge despejar todo de evidencias, los últimos rincones inclusive, las paredes, los umbrales; el rostro, las uñas, los pliegues dérmicos manuales. Cambio de dirección. Desplazamiento medio circular. Es lo que vendría bien hacer, generar: una transformación en términos cerebrales, cierta descompresión. Por cierto, será preciso escarbar, saquear, agitar la masa memorística, taladrarla (en caso extremo), a fin de dar con el paradero de un recuerdo que dibuja la causa del desagradable comportamiento personal cuyo desarrollo genera deseos de ser alguien diferente a quien se es en realidad, cualquier otra persona. O un animal: una perra, un ratón. Por qué no. O una planta sembrada en algún macetón. Todo menos uno mismo. Nada puede ser peor que esto. Bueno fuera saber qué pasa con el propio carácter, con el sistema de los impulsos, y por qué uno, en lo personal, suele suprimir la armonía de los ambientes a causa de su actitud y / o su conducta y arruinar, no del todo afortunadamente, cualquier convite y todas las reuniones recreativas de origen espontáneo. Perder la confianza de los seres cercanos, de antemano bota del mundo; perder la de amigos, parientes, familiares, la de un hermano o la del mejor amigo; dejar de contar con aquella que corresponde a la mayoría de las personas conocidas. Por el recargamiento de la presencia en el fondo de una obstinación aparatosa. Por desdeñar la compostura recurriendo a la inmersión del razonamiento en un vetusto cesto de basura, para de inmediato articular barbaridades. Miseria protagónica. En fin… Los errores: cada vez son más. Valdría la pena llevar a cabo un lavado axiológico (que puede derivar en una depresión irregular, dependiendo del estado en que se encuentren las secciones evacuantes). Pero para qué prestar atención a estructuras instructivas estilo voz de los tratados seudo informativos. Los cambios en el ambiente serán invisibles, de orden anímico-hidráulico. Si es que se dan. Su generación dependería de una impostergable reconstitución de la memoria y un nuevo diseño del esquema volitivo, tanto como de una serie retrospectiva de ajustes indispensables. Cierta disposición espectral debe salir. Una costumbre que hiere: el espectro característico, la terquedad, ese desenvolvimiento que lleva toda una vida azotando la existencia; a todas horas, donde sea. No hay perspectiva desde la cual pueda asimilarse el motivo de tanta devastación. La acumulación de los daños impide ver las causas del debilitamiento. Ojalá haya tiempo. Momentos propicios para la eliminación de esa nubosidad que corroe y enmohece las paredes del sentido. Lo mejor fuese que el tiempo disponible no estuviera a punto de cesar.


12.24.2003

DESCANSO PACÍFICO TEMPORAL

Después de tanto caminar, y tomando en cuenta todo lo que falta aún, será necesario esperar que los zapatos vuelvan en sí, que respondan nuevamente. El par está tieso.

En este despabilado lugar. Las suelas quedaron atrás. Habrá que encontrar la manera de aprovechar los minutos, las horas, los días. Todo descanso pacífico temporal presenta una duración única, inigualable.

Los seres que habitan alrededor no aplican el verbo. Se comunican al margen de voces articuladas. Pero resultan sobremanera expresivos. Sin tener que moverse.

Unos ahí están, ascendentes y solitarios; siniestras protuberancias, características de los ámbitos desolados.

Las vastas presencias aisladas, amorfas derivaciones de esos relieves que el tiempo labra a la intemperie, por su parte, ofrecen sumas señales, lejos de la más mínima vibración, en el mayor esplendor de su dureza. Nada emite término alguno. No hay contenidos orales.

Los pocos semejantes que circulan a la vista, serenos, dispersos, sólo abren la boca para alimentarse. Las palabras son innecesarias. Más que excesivas, al pronunciarse resultarían estrafalarias.

No hay extravagancia aquí. Emplear oralidad es prescindible. Cualquier intento de articulación sucumbe ante el silencio del casi nulo desenvolvimiento vegetal, frente a la conformación abstracta mineral, ante la circundante desnudez.

El habla constituye vestimenta no hecha a la medida de las ondas que conforman el ambiente, un tipo de ropaje discordante, embarazoso, inane.

De ser puesta en práctica, el habla desentonaría de inmediato; irrumpiera la armonía molecular, la diaria placidez con que la naturaleza hilvana su establecimiento. El desarrollo del medio natural jamás ha procedido con base en fórmulas verbales. Para recorrer los ejes de la existencia pura no es necesario hablar. Tampoco lo es siempre, por ejemplo, para sobrevivir.

Ahora transcurre cierto periodo desértico. Mañana, tal vez, haya diversas coloraciones bajo los pies, variadas tonalidades vegetativas. Hoy sólo la lividez del verde glorifica diseminados núcleos energéticos y agregados ambulantes. Al interior de algunas áreas, el suelo se pierde en el extremo de su propio desvaimiento.

Todo circula en derredor de una idea. De una sola idea: Concatenación exclusivamente operativa; total actividad, por encima de cualquier imagen. Nada vale por cuestiones de estructura.

Lo de menos es la forma. Lo importante es la función. Conviene considerar que aquí los enlaces proceden en el plano de lo metafísico, en el del reconocimiento implícito y puro. El peso de los hechos es mayor que el de las formas.

12.18.2003

AMARRES

Los complejos son espejos amarrados al cuerpo.

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